Fin de año.

Soy incapaz de hacer mis listas de “mejor del año”. Lo mejor de este año ha sido Baloo, sin lugar a dudas. Ha sido un año largo, y bastante tortuoso, y la verdad es que no hay nada – nada – en el mundo como un perro. Al final ha parecido que las cosas han seguido de la mejor de las maneras posibles y he conseguido llegar hasta donde nunca antes: la satisfacción de estar experimentando un buen momento no para con nadie, si no conmigo, solo conmigo. No es que me guste hacer alegoría de nada. De hecho, se me ha olvidado lo que iba a decir. Hay que mirar al frente y tomar los días por los cojones. Si no, para qué, ¿eh? Pero hablemos de cosas más importantes. Servidor se encuentra bien y ahora le ha dado por escribir aquello que se le pasa por la cabeza en tumblr, pues ya ves tú qué chulo. Al principio había pensado en escribiro en uno de esos life event de mierda del facebook, pero al final deseché la idea, al fin y al cabo ya me había pasado dos horas de mi vida durante la mañana de hoy en mirar ropa que no tengo intención alguna de comprarme. A nadie le importa una mierda aquello que pueda decir, excepto a mí. Algún día ocuparé el despacho que quiero, escribiendo cartas, pero por el momento debo conformarme con ir en chándal en casa y no portar sobre mis espaldas un precioso chaquetón de Lanvin que vi en una revista. El dandismo me puede. La universidad no podría ir mejor, y ya no me preocupo demasiado por recordar y evito pasar los días mascando canciones de La Buena Vida, pensando. Hay que vivir el ahora, como ya apuntaban los Cínicos, despojándote de toda circunstancia que no sea exclusiva de tu persona. En lo musical, este año ha sido el de la anunciación de la electrónica: me he dejado llevar por el dubstep de Burial y de James Blake, en especial el de su trabajo en el CYMK EP. Los sintes me pueden. Boards of Canada ha sido un gran descubrimiento, también. Si la música pop me recordaba a la poesía trovadoresca – mismas estructuras y temáticas, pero con pequeños matices que hacen cada artista especial y diferente del otro – con la que empatizaba, la electrónica se ha convertido en otra forma de vivir la música. La amalgama de sonidos, las voces cortadas, oscuras y lejanas; las bases golpeando y entender la evolución de la canción. Cabe destacar que no puedo escribir al ritmo de mis pensamientos, no lo que no deja de resultarme frustrante. Además, los cigarrillos nuevos se apagan y no puedo evitar dejar de escribir para fumar. Ahora es cuando deseo fumar pipa. Ahí, haciendo aros. Toda la tarde. Aros y pipas. En fin. La electrónica crea texturas, océanos enteros en los que naufragar. Por eso me gusta tanto Burial, Boards of Canada o Panda Bear. Enfrascan ideas, paisajes, situaciones, conversaciones, recuerdos y sueños en sonidos. Qué puede haber de más bonito. Me pregunto cómo se nos observará en la posteridad. Cómo creerán y deducirán sobre lo que escuchamos y consumimos. Bueno. Por eso mi disco internacional del año va para Tomboy de Panda Bear. Un sorbo de café amargo, y exquisito. Más allá de la electrónica, este ha sido el año en el que he dejado atrás el indie noventero español para centrarme en otras cosas. Por supuesto, el sonido 90s sigue siendo algo que me defina, pero he dejado algo de lado a Los Planetas, Sr. Chinarro o los primeros discos de La Buena Vida para centrarme en la última etapa de éstos, escuchando el rock marciano de Beef – porque como los egipcios, vinieron de otro planeta y se largaron, sin más –, Espanto, Los Punsetes también, pero ha sido sin duda el año de lo hipnotizante, krautiano, narcótico del descubrimiento interior. Mención especial para Wooden Shjips, Moon Duo y alguno más, por haber ahondar en esa vertiente de perdición de las repetición y suciedad. Se me había olvidado: compraos unos auriculares como DIOS manda y dejad de creer que estáis apreciando aquello que escucháis con un equipo mediocre. Vale, ya lo he dicho. Sigamos. También ha sido el año en el que he entendido - al fin - por qué la técnica es la mejor amiga del Arte en general. De cómo se *trabajan* unas ideas para dar un resultado concreto, maravilloso, único. Por eso valoro tanto las cosas. Quizá. Los mejores conciertos del año han sido los del Primavera – PULP, Ariel Pink y James Blake –, el PSM – inmejorables TAB y nosoträsh – tan psicodélicos ellos, tan fugaces e irrepetibles. Este ha sido el año de Tuiter, el cual se merece una entrada a parte, como todo lo que se ha mencionado en este texto de mierda, patrocinado por el tetrahidrocannabidol. Me hubiese gustado maquetar este texto con fotos, pero soy imbécil y no sé hacerlo. Así que me dispongo a terminarlo en breves. Nunca. Nunca me acuerdo de las cosas y por eso temo perder la memoria al completo. A veces oigo cómo los fantasmas caminan por el pasillo. A veces, al sacar a Baloo creo estar en Londres. Y es por eso que este año ha sido el mejor hasta la fecha: ha sido el último golpe de calor para que el fango se solidificase. Qué gente tan estupenda y tan fabulosa, tan amable y divertida. Desearía ser rico para poder hacerles los mejores regalos. Gracias a todos vosotros. Creo que podría suicidarme después de haber escrito esto. Pero no voy a hacerlo. Aún me quedan sitios en los que buscar el verdadero significado de la magia. Quiero volver a Vigo y correr entre los eucaliptos, y fumarme un cigarro con Baloo en los acantilados de Getxo. Quiero tomarme mil cervezas con la gente de tuíter, quiero seguir riendo con los de toda la vida y a veces darme el capricho de comprarme la merienda en la Hoffmann del Born. Quisiera vertir todo el contenido de mi cabeza en un pensadero y poder verme desde fuera. ¿Quién dijo que no soy el que era? Hay que vivir para seguir aprendiendo de las circunstancias y experiencias. De las mañanas que son noches que no se acaban, de tener el presentimiento de que vas a encontrarla detrás de las escaleras mec´nicas del tren, de soñar que se está en un descapotable en Mijas comiendo pan de nueces con queso, de los vinos y los pintxos. Y por eso, por todo lo que ha sido mi vida - cada vez más consciente de ella – por las alturas y las bajuras, Maracaibo, de La Estrella de David es lo mejor que se ha hecho en España desde el Super 8 de Los Planetas y lo escojo como anverso del cassette, de cuya cara A es “baloo” y la B “maracaibo”, escrito a pluma, resistiéndose al paso del tiempo.